Cuando todo comenzó.

Entendiendo el concepto: creatio ex nihilo (creación de la nada).

Imagina —si es posible— que un día, al despertar, no hay nada: ni cama, ni cuarto, ni aire, ni cielo, ni tiempo. Y, de pronto, todo aparece. Esa sería una imagen —muy pobre, pero útil— de lo que intenta expresar creatio ex nihilo (creación de la nada): 

 que Dios hizo existir (trajo al ser) el universo sin sustrato (sin materia previa) ni causa material (sin algo físico anterior). Nada simple para que nuestras mentes lo asimilen. En cambio, es sencillo entender la creación a partir de algo, creatio ex materia (gr. ἐξ ὕλης, “desde materia”), porque lo vemos a cada rato. En la naturaleza, las rocas se forman a partir de materiales y procesos previos (minerales, presión, temperatura), los témpanos provienen del agua que se congela; y en la vida diaria, un mueble surge de la madera, o un pan de harina y leche.

Crear no es lo mismo que conservar. Crear es hacer que algo comience a existir (primer inicio); conservar es sostener (mantener) lo que ya existe. Piensa en un teléfono: fabricarlo es creación; cargar la batería y darle mantenimiento es conservación. O en una película: el primer fotograma (cuadro inicial) aparece “de la nada” en el flujo temporal; que la película siga corriendo y no se “congele” exige conservación. Esta distinción, intuitiva en el lenguaje común, es también intrínseca a la teología cristiana.

Sabemos, a grandes rasgos, por el modelo estándar del Big Bang que el tiempo y el espacio tuvieron un inicio, y con ellos surgió el contenido del universo (materia y energía en sus distintas formas); sin embargo, para entender qué significa exactamente “comenzar”, conviene mirar dos marcos filosóficos del tiempo que explica el Dr. William Craig en sus libros y en algunas entrevistas.

Siguiendo la línea de trabajo del Dr. William Lane Craig, antes de hablar de Dios y el tiempo conviene aclarar dos enfoques clásicos distinguidos por J. M. E. McTaggart:

la Teoría A (dinámica o “tensa”) y la Teoría B (estática o “no tensa”). La Teoría A es la que coincide con el sentido común: los momentos se ordenan como pasado, presente y futuro, y esa diferencia es objetiva. El pasado ya no existe, el presente es lo real, y el futuro aún no existe (es pura posibilidad). 

Por eso, hay un devenir real: las cosas verdaderamente “llegan a ser” y luego dejan de ser. Incluso nuestros tiempos verbales (pasado/presente/futuro) capturan algo real del mundo, no solo cómo lo sentimos.

La Teoría B, en cambio, afirma que todos los momentos son igualmente reales: pasado, presente y futuro existen por igual. La diferencia entre “pasado”, “presente” y “futuro” sería más bien una impresión de la conciencia, no un rasgo del mundo. Desde esta mirada, el universo se parece a un bloque de cuatro dimensiones (espacio-tiempo) que “está ahí” sin fluir. Sí hay una secuencia objetiva de eventos (unos son “antes” y otros “después”), pero no tienen la propiedad de ser “ahora” o “ya pasó” de forma objetiva. Esta visión es frecuente entre físicos y algunos filósofos.

En términos teológicos, la Teoría A facilita hablar de un comienzo real del mundo y de un Dios que actúa “en el tiempo”; la Teoría B suele reformular el origen como el borde o la estructura del bloque espacio-tiempo, y la acción divina como algo que no depende del “ahora”. ……la Teoría A (presentismo: solo el presente es plenamente real; el pasado fue y el futuro será) y la Teoría B (visión en bloque 4D: el presente todo el tiempo está “ahí” por igual, sin un “ahora” objetivo). Ahora sí: ¿Cuál es la importancia de resaltar el tiempo aquí? Para que algo empiece a existir se necesita un ahora real. Si el tiempo fuese solo un bloque (Teoría B), hablar de comienzos en sentido estricto sería problemático: nada llega a ser, simplemente está. En cambio, la creatio ex nihilo (creación de la nada) encaja naturalmente con la Teoría A: hay un momento primero en que el universo vino a existir y, después, es conservado (sostenido) “de instante en instante”.

Un ejemplo científico ayuda: el modelo cosmológico estándar describe un universo con expansión y una historia finita hacia el pasado (origen caliente). Sin meternos en detalles técnicos, la idea general de un comienzo del cosmos armoniza con el lenguaje de “empezó a existir”. La teología añade que ese inicio no provino de una causa material previa, sino del acto libre de Dios (acto de agente personal).

Históricamente, esto no es invención reciente. Los padres de la Iglesia, aun bajo influencia helénica, defendieron la creación temporal ex nihilo frente a la eternidad de la materia. En 1215, el IV Concilio de Letrán proclamó a Dios “Creador de todas las cosas… de la nada” y afirmó que el tiempo mismo tuvo un comienzo. Es decir, la creación cristiana no solo produce el mundo; inaugura (pone en marcha) la historia.

Con todo, la Biblia también habla de creación continua (sostén constante): Dios “sostiene todas las cosas por la palabra de su poder” (Heb 1:3). Tomás de Aquino subrayó este sustento como doctrina central, sin negar el comienzo temporal: aun si una criatura hubiera existido “desde siempre”, ontológicamente dependería de Dios. Pero aquí hay que evitar una confusión: crear y conservar no son términos intercambiables. Crear no presupone un “objeto” sobre el cual actuar; conservar sí.

Para precisar, conviene usar tres enunciados simples:

  • (Venir a existir): Es como encender una lámpara en un cuarto oscuro: antes no había luz, ahora hay luz por primera vez.

  • (Crear): Es como construir una casa donde no había casa: no es remodelar, es levantarla desde cero (hacerla surgir).

  • (Conservar): Es como pagar la luz y dar mantenimiento para que la casa siga habitable: no la estás creando cada día, pero la sostienes en buen estado.

Algunos filósofos —como Philip Quinn— quisieron definir “crear” y “conservar” solo con estados y momentos. Eso roza el ocasionalismo: como si el mundo fuera rehecho “cuadro por cuadro” y, por tanto, yo no fuera el mismo de hace un minuto (lo que complica identidad y responsabilidad). Quinn propuso dos caminos: quitar el tiempo de la definición (de modo que crear y conservar sean lo mismo) o mantenerlas separadas afirmando que conservar no es crear. Con esto se evitan conflictos con la ciencia, pero se debilita la idea bíblica de un comienzo real y la teología corre el riesgo de volverse demasiado abstracta, alejada del mundo físico.

Un ejemplo cotidiano deja clara la diferencia: cuando enciendes una lámpara por primera vez en una habitación que estaba a oscuras, ese “clic” inicial es crear (traer la luz al ser en ese cuarto). Mantener la lámpara encendida y pagar el recibo de luz es conservar. Si confundes ambos actos, ya no distingues entre el inicio de la luz y su continuidad.

Más aún: en la Teoría B, uno podría hablar de creatio stans (creación “estática” o sustento atemporal). Sería como decir: “Dios sostiene todo el bloque espaciotemporal a la vez”. Esto tiene cierto uso técnico (especialmente si alguien es platonista respecto a entidades abstractas como los números), pero no capta lo que la Biblia enfatiza: Dios estuvo sin el mundo y luego lo creó. La narrativa bíblica supone un antes (solo Dios) y un después (Dios-y-mundo), algo que la Teoría B no reproduce bien.

Otro ejemplo accesible: piensa en un edificio. El acto de construcción (poner los cimientos, levantar muros) corresponde a crear. Los servicios (agua, luz), las revisiones y el mantenimiento corresponden a conservar. Si confundimos ambos, parecería que cada día el edificio vuelve a construirse desde cero (eso es el ocasionalismo), o que nunca hubo un momento en que no existía (eso niega el inicio real).

Con estos ejemplos, podemos recoger la intuición clave: la diferencia entre creación y conservación no está en un “tipo” de poder divino, sino en el término del acto (lo que el acto produce). En creación, el término es comienzo; en conservación, el término es permanencia. Y esa diferencia tiene sentido solo si el tiempo tiene tensión real (pasado-presente-futuro), como en la Teoría A.

Coda histórica breve (reordenada)

La defensa de la creatio ex nihilo se remonta a controversias con la idea de la eternidad de la materia y al esfuerzo de pensadores como Juan Filópono (teólogo cristiano de Alejandría). La enseñanza quedó dogmáticamente (de forma oficial) afirmada en Letrán IV (1215), y la tradición cristiana —con diversidad de matices en autores como Tomás de Aquino— mantuvo juntas las dos verdades: inicio temporal real y sostén continuo del mundo por Dios.

Podemos decirlo así: el cristianismo confiesa a un Dios que enciende la luz donde no había nada y, acto seguido, mantiene esa luz viva. Crear es hacer nacer (traer a la existencia); conservar es impedir que caiga en la nada (sostener el ser). Esta doble verdad presupone un tiempo con devenir real (Teoría A): hay un momento primero y hay una historia que se despliega.

En términos prácticos: si el mundo comenzó por voluntad (decisión libre) de un Agente personal, entonces la realidad es don y llamado. Somos hechos (creación) y sostenidos (conservación). Vivir con esa conciencia es responder con gratitud, responsabilidad y esperanza en el Dios que hace ser y guarda en el ser.

Suscríbete a nuestro boletín informativo

Mantente al tanto de las últimas noticias, eventos y recursos. Cada semana recibirás en tu bandeja de entrada artículos, frases y capsulas del Apologista Víctor M. Banda que te inspirarán a profundizar en tu fe y pensamiento cristiano.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.


2 Comments so far:

  1. WILFREDO RAFAEL dice:

    excelente articulo pastor Dios le bendiga y lo siga bendiciendo.

    Para apuntalar al artículo y verificar que pude asimilar todo, cuando se viene a existencia no hay marco de comparación. El ejemplo que cita de la Luz, en un cuarto oscuro el concepto de luz no existe para quien vivió siempre en esa oscuridad, y la llegada de la luz para el observador se viene a existencia. Por otro lado, en el ejemplo de la casa puede ser que no hay casa en un terreno baldío, puede que tenga casas a un lado, entonces no se trae a existencia unas casas por qué casa había, se crea una casa nueva.

    PD: Me costo un poco la lectura por el tipo de fuente «cursiva» que dificulta un poco la fluidez, sin mencionar que esconde las palabras en latin o citas ( que generalmente estan en cursivas).

    • EfenLaVerdad dice:

      Saludos en el nombre de nuestro amado Señor Jesucristo, hermano Wilfredo.

      Nos alegra saber que este artículo ha sido de bendición para su vida. Agradecemos también que se haya tomado el tiempo para escribirnos. En cuanto a la observación que nos comparte, la tomaremos en cuenta. Muchas gracias por hacérnoslo saber.

      ¡Shalom!

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!