TEXTOS SIN CONTEXTO

 (1ª parte)

11463080814_f31c504f86Reflexionaremos y analizaremos esos textos bíblicos fijos, a los cuales recurren los que siguen la línea teológica de Arrió, un presbítero del siglo IV, quien causó unas disputas con su obispo Alejandro que posteriormente fueron trasladadas al concilio general convocado por el Emperador Constantino (Nicea, 325 d.C.). Arrió enseñó que el Verbo de Dios que se encarnó en Jesús no existía desde toda la eternidad con Dios, sino que es una criatura, la primera y más excelente de todas a través de la cual hizo el resto de la creación; pero aun así, sigue siendo creatura. Hogaño, como antaño, organizaciones y grupos religiosos creen lo mismo (con algún que otro matiz), como pueden ser los llamados “Testigos de Jehová”. Analicemos pues esos textos -que estos arrianos modernos nos exponen-, a la luz de las Sagradas Escrituras, hecho, eso sí desde el respeto y consideración a tantos hombres y mujeres sinceros que integran dichos grupos religiosos. En este sentido, debemos tener bien presente un principio básico en la sana hermenéutica: “Un texto sin su contexto es un pretexto”.

Examinemos los principales textos que más frecuentemente hacen aparecer en sus libros y artículos, con los que un lector poco familiarizado con la Biblia logran darle la impresión de tener un fundamento bíblico; cuando en realidad es que han recorrido el camino a la inversa, es decir, han escogido un texto aislado para dar la impresión de haber edificado sobre él enseñanzas de la Palabra del Señor, lo que a la luz de toda la Escritura -todo lo que la Biblia dice sobre cualquier punto determinado- , resulta ser una falacia en toda la extensión del término.

“Él (Cristo) es la imagen misma del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos, las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado por medio de él y para él. Y Él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (Colosenses 1:15-17).

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Emplean este texto así, completamente aislado para enseñar que Cristo es el “primogénito” de Dios; es decir, la primera creatura de Dios. Su error, claramente intencionado, se deduce de su aplicación del término “Primogénito” en su acepción temporal: Primero en el tiempo; primero cronológicamente. De esa manera olvidan que el término griego que las Biblias castellanas traducen por “primogénito” no es “PROTOKTISTOS”, que significa “primer creado”, sino el vocablo “PROTOTOKOS”, es decir, “heredero”, “patrón”, primero en rango”.

Queda pues descartada la interpretación en sentido cronológico, toda vez que el término hace referencia a la posición de Jesucristo frente a todas las cosas; o sea, a la primacía que a Jesucristo le corresponde en todos los órdenes. Estudiemos el amplio contexto escritural comenzando por Éxodo 4:22, “Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito”. Tenemos aquí el mismo término aplicado a Israel, y nosotros sabemos perfectamente que Israel no fue el “primogénito” (primero) en el tiempo, dentro del orden de la creación de Dios. La Biblia no pretende enseñar que Israel fuese el primer pueblo creado en la tierra, sino todo lo contrario, por lo tanto se hace evidente que la primacía a la que aquí se hace referencia con respecto a Israel debe ser de índole diferente a la cronológica, a saber, primacía en cuanto a la preeminencia de este pueblo entre los demás pueblos con respecto a los planes de Dios para con los hombres de la Tierra. Aquí, tratándose de Israel, al igual que en Colosenses 1:15-17 tratándose de Jesucristo, se está haciendo referencia a la posición de Jesús el Cristo con relación a Dios.

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En este mismo contexto leemos lo siguiente en Jeremías 31:9, “Irán con lloro, más con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho por el cual no tropezarán; porque soy a Israel por Padre, y Efraím es mi primogénito”. Vemos, pues, que lo mismo que decíamos respecto a Israel, es aplicado en este caso con relación a Efraím, quedando fuera de toda duda que esta tribu no fue la primera en el tiempo cronológico.

Otro texto favorito de los “russelistas”, como de cualquier arriano de cualquier época, es Apocalipsis 3:14, en donde se habla de Jesucristo en unos términos que apartándose del contexto, permiten la manipulación de estos grupos: “Y escribe al ángel de la iglesia en La Odisea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto… “

Ahora bien, el término griego que nuestras versiones bíblicas en castellano traducen por “principio” es el vocablo “ARJEI”. Este término aparece en muy diversos contextos escriturales, en cada uno de los cuales se traduce por el correspondiente equivalente.

Hasta aquí lo dejamos. En el próximo artículo (2ª parte) seguiremos desarrollando el concepto de este término griego, ARJEI, en sus distintos contextos, pues no debemos olvidar que en todos los idiomas, incluido el griego obviamente, hay palabras polisémicas, de varios significados. Por tanto, será si Dios lo permite que seguiremos este tema con la ayuda del Señor. Dios les bendiga.

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Evangelista, Enrique López Celdrán

 

 


 (2ª parte)

Estudiemos pues el contexto:

a) Uso temporal del término: (Comienzo, origen). – “Tal y como nos lo enseñan los que desde el PRINCIPIO lo vieron con sus ojos, fueron ministros de la Palabra… (Lucas 1:2). “PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1). “Lo que era desde el PRINCIPIO, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… “(1ª Juan 1:1). b) Uso como posición de rango: (Príncipe, autoridad, primacía). – ” Cuando os trajeren ante las sinagogas, y ante los MAGISTRADOS y LAS AUTORIDADES, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir… “(Lucas 12:11). ” Recuérdales que se sujeten a los GOBERNANTES y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (Tito 3:1). “Y a los ángeles que no guardaron su DIGNIDAD, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (2ª Pedro 2:4). c) Uso como “originador” o “principiador”. – El término griego que nos ocupa (arjei), aparece en tal sentido no sólo en el Nuevo Testamento, sino en muchos otros textos extraescriturales. Por ejemplo Flavio Josefo, el historiador, lo emplea repetidamente en este sentido -“originador” o “principiador”- en su obra <Contra Apión>.

JesusincloudsofgloryEste uso demuestra , por tanto, que Jesús no es presentado en el Apocalipsis como parte de la creación de Dios, sino que, antes bien, la creación entera, sin ninguna excepción, es presentada en acto de adoración a Cristo : ” Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apc. 5:13). Obsérvese el uso del imperativo singular (sea) -y no “sean”- en la forma verbal de este texto.

Y ahora procedamos a cotejarlo con los siguientes contextos: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Pregúntesele a cualquier arriano moderno, como los russelistas, quién es este niño prometido, y responderá sin dudarlo que se trata de Jesucristo. ¿Cómo pueden, pues, negar que Jesucristo es Dios -manifestado en carne-? Veamos otro texto: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores” (Apc. 19:16). Vemos que el apóstol Juan no duda en darle a Jesús el Mesías el título de “Rey de reyes y Señor de señores”, que a lo largo de las páginas del Antiguo Testamento se utiliza única y exclusivamente para el Señor Yahvéh.

Centrándonos de nuevo en el texto de Apocalipsis 3:14, veamos otra serie de textos: “Todas las cosa por él (Cristo) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. (Juan 1:3). “Porque en él (Cristo) fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades. Todo fue creado por él y para él” (Colosenses 1:16).

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El error interpretativo de “PRINCIPIO” en el sentido cronológico de la palabra, se desprende rotundamente al considerar que si “principio” hubiera de entenderse en tal sentido temporal, entonces Dios el Padre habríamos de entender que tiene principio, y lo que resulta todavía más ridículo, habríamos de entender que tiene fin. Por consiguiente se desprende que tanto “principio” como “fin” no pueden entenderse en sentido cronológico. Veámoslo: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último… (Apc. 1:11). “Cuando le ví, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del hades” (Apc. 1:17-18).

Se hace patente por consiguiente, que Jesucristo es, efectivamente, PRINCIPIO, pues contextualmente aparece como principiador y originador de toda la creación. Recordemos que de los dos términos griegos que hacen alusión a “principio” uno de ellos, como ya señalamos, es “PROTOKTISTOS”, que significa “primer creado” y que, como sabe todo estudiante serio de la Biblia, no es este el vocablo griego para denotar a la bendita persona de Jesucristo, sino el término “PROTOTOKOS” que nuestra Biblia castellana vierte como “primogénito”, que en una versión más literal significa “heredero”, “Aquél que ocupa la primacía”, “Aquél que ostenta el primer lugar”, ya que Jesús, en quien habita toda la plenitud de Dios, es el heredero de todas las cosas, hasta que en tal herencia, Dios en él y en nosotros sea todo y en todos.

*Otro texto usado por el russelismo, y completamente aislado de su rico acompañamiento contextual, es Juan 14:28: “Habéis oído que os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo”. Aunque este texto nos muestra a Jesús, el hombre, no al Verbo eterno y uno con Dios (el Padre), hablando como hermano nuestro, es muy importante que consideremos las palabras del apóstol Pablo escribiendo a los filipenses: 600x600“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Flp. 2:5-7). Naturalmente, hemos de considerar las palabras del propio Señor Jesús en textos fundamentales, como, por ejemplo, el que hallamos en Juan 5:28: “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió”. Esto es precisamente el gran escándalo que Jesús supone para los religiosos de su momento histórico: “Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. Queda patentizado, pues, que Cristo se hizo inferior por amor a nosotros, al encarnarse. ….”Y aquél Verbo fue hecho carne, y habitó -lit.”plantó su tabernáculo”, o “suká” en hebreo- entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14). Esto es lo que el salmista ya había expresado en esa joya del Salterio que es el Salmo 22, uno de los Salmos mesiánicos por excelencia, donde el Verbo eterno, que es Dios existiendo en unidad perfecta en el Espíritu, es presentado con todo el patetismo del Ebed Yahvéh o Siervo Sufriente, del que tan ampliamente habla el profeta Isaías. Y el versículo 6 en particular, nos presenta esa profunda baja condición a la que voluntariamente bajó Jesús el Cristo, por amor vicario hacia los hombres: “Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado del pueblo” (Salmo 22:6). Este es el misterio del amor, de ese amor de Dios tan profundo e incomprensible en la encarnación, de lo cual el apóstol Pablo nos habla y exhorta en su carta a los Filipenses, capítulo 2 y versos de 5 al 11.

*Dios se hace hombre en Jesús como hijo del hombre, o mejor aún, como siervo. Y, ya terminada su misión como hombre, como Dios con nosotros, vuelve al Padre: “Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5). Es evidente que cuando Jesús, como hombre, se expresa diciendo que “el Padre es mayor que él”, no se está refiriendo a una inferioridad de naturaleza circunstancial ni esencial, sino que como hombre y como siervo él vive en perfecta subordinación al Padre, para poder realizar plenamente su voluntad. Ahora, lo que no puede dar lugar esta maravillosa Obra maestra de expresión de Dios manifestado en carne, es a que su estima y adoración queden subordinadas por los hombres a la adoración al Padre, puesto que el Padre, precisamente, busca la gloria del Hijo, al igual que el Hijo busca la gloria del Padre.

Concluimos, pues, que las manifestaciones del Dios Uno y Único (Padre, Hijo, Espíritu Santo) es una unidad o unicidad de esencia, naturaleza y propósito. Escuchemos de nuevo el texto de Juan 5:23:

“Para que todos honren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió”

Hasta aquí el tema que nos ha llevado dos capítulos sobre esos textos fuera de contexto que el arrianismo de antaño y de hogaño toma para negar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Con la esperanza que le haya sido de edificación a su vida, me despido de ustedes. Shalom y que Dios les bendiga.

Evangelista: Enrique López C.

Fuentes: Apuntes de clase (S.E.E. 1983)

Biblia versión Casiodoro-Reina, 1960.

 

 

 

 

 

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