capítulo II

EL DESCUBRIMIENTO DEL FÜHRER.

images (1)Fue Adolfo Hitler quien descubrió esa faceta de Martin Lutero, muy desconocida para muchos y olvidada para otros : sus escritos profundamente antisemitas. La obediencia absoluta a las autoridades, combinada con el profetismo nacional de Lutero (él siempre puntualizaba que se dirigía sólo a los alemanes) preparó el caldo de cultivo en que cuatro siglos después surgiría la virulencia que conocemos como “Tercer Reich”.

Buena prueba de esto la podemos hallar  en el hecho de que “Contra los Judíos y sus Mentiras” fue editado SÓLO DOS VECES en la vida de Lutero. El tratado “Schem Hameforas”, SÓLO TRES VECES. En el curso de los cuatro siglos estos dos cruciales personajes, fueron muy raras las reediciones de estos tratados. Tenemos que irnos a los siglos 19 y veinte para hallar estos escritos en las Obras Completas del reformador alemán. Sin embargo, bajo la nefasta dictadura hitleriana, FUERON NUMEROSÍSIMAS las ediciones de ambos opúsculos, acompañadas de colecciones epistolares de Lutero, plagadas todas ellas de alusiones insultantes para los judíos.

Además, muchas de estas reediciones fueron de carácter popular y a bajo coste, realizadas con fondos públicos, y ampliamente difundidas entre la población en general, y LOS ESCOLARES Y ESTUDIANTES en particular.

A pesar de la distancia de cuatro siglo, el reformador protestante había sembradojudios-nazis-documentos--620x349 un veneno que, junto con el de muchos otros psicópatas, haría un terrible efecto, con características multiplicadoras, hasta llegar a la monstruosa cifra de séis millones de hombres, mujeres y niños, exterminados por el hecho de ser judíos. Las palabras apasionadas de Lutero sobrecargadas de componentes nacionalistas, de supremacía étnica y odio casi incontrolado, hallaron eco en personajes como el compositor Wagner y el político Hitler, que produjeron una de las páginas más fantasmagóricamente diabólicas de la historia.

Esto se constata en un famoso discurso de Adolfo Hitler, en Abril de 1934, con ocasión de una recepción dada a una delegación de obispos católicos, en que justificando su política respecto a los judíos, decía así : “Se me ha atacado por mi forma de tratar a los judíos. Durante 1.500 años la Iglesia Católica Romana ha considerado a los judíos como seres perniciosos, los ha encerrado en ghettos, dando a comprender qué clase de gente eran los judíos. En la época ca del liberalismo no se veía este peligro. Yo continúo la tradición milenaria. No pongo a la raza por encima de la religión; considero a los representantes de la raza en cuestión como seres perniciosos para el Estado y para la Iglesia y, posiblemente, al obrar así, hago un servicio enorme al cristianismo; por esto los expulsó” (5).

Desde la perspectiva del racismo alemán, desarrollado desde la infancia entre niños que habían asistido a escuelas dominicales (catequesis) de la Iglesia Evangélica Luterana, los judíos no eran más que una rama de un amplio tronco de subhombres, pero con la gravedad de ser considerada particularmente perniciosa.

LA REACCIÓN DEL CRISTIANISMO INSTITUCIONAL

Hitler2342¿Hasta qué punto tuvo influencia el cristianismo institucional, y el protestantismo en particular, sobre el monstruoso sistema hitleriano?. Fue de gran magnitud, si tenemos en cuenta la lectura de las citas de Martin Lutero. Como ya dijimos, esas ideas y reflexiones serían empleadas cuatro siglos después por los nazis. Haciéndonos eco de las palabras descritas en el libro de Ester, leemos las palabras de Hamán al rey Asuero : “Hay un solo pueblo disperso y diseminado entre los pueblos por todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes de las de todo pueblo, y ellos no observan las leyes del rey. No conviene, pues, al monarca el tolerarlos. Si parece bien al rey, díctese orden de destruirlos y pesaré diez mil talentos de plata en manos de los funcionarios para ingresarlos en la real tesorería” (Ester 3:8-9).

No debiera sorprendernos que la solidaridad luterana con los sufrimientos del pueblo judío durante la pesadilla del hitlerianismo fuese prácticamente inexistente. El germen de la cautividad en los campos de concentración y extermino no era menester buscarlo en obras de política o sociología. Bastaba con recurrir a las obras del reformador de la iglesia y de la lengua nacionales. Tristimente, el veneno llegó llegaba de la pluma de un clérigo protestante, reformador de la iglesia y fundador de la confesión religiosa nacional, creador y artífice incluso del idioma alemán moderno, gracias a su extraordinaria traducción de las Sagradas Escrituras a la lengua del pueblo.

Prácticamente con la sola excepción del obispo protestante Wurn, no hubo prelado de la Iglesia Reformada que se atreviera a clamar condenando las matanzas de judíos y de otros llamados “seres execrables”, que no formaban parte del cuerpo místico del pueblo alemán. La mayoría de los pastores protestantes alemanes proclamaron que el mismo Jesús de Nazaret había sido ario, atestiguando la obsesión antisemita (antijudía) de los cristianos, que no podían sufrir el tener por Hijo de Dios a un judío.

León Poliakov señala que en 1.933, dos terceras partes de los pastores220px-Poliakov-Leon_Cerisy-07-1952_b protestantes alemanes se afiliaron al llamado “Glandensbewegung Deutschen Christen” (Movimiento de los Creyentes Alemanes), una de cuyas primeras medidas fue la expulsión de todos los creyentes “no arios” de sus fila. Esto, curiosamente, ocurría dentro de las estructuras evangélicas ANTES de la promulgación de las famosas “Leyes Raciales”de Nuremberg.(6).

La historia demuestra que la mayoría de los cristianos evangélicos/protestantes de Alemania se puso en las filas del antisemitismo. Así, el famoso Dr. Krause, presidente de la Asociación de Cristianos Alemanes del gran Berlín, y miembro del Sínodo General de la Iglesia Evangélica Luterana, proclamó estas palabras : “El primer paso hacia la libertad es la liberación del Antiguo Testamento. Si nosotros, los nacionalsocialistas nos avergonzamos de tener que comprar una corbata a los judíos, más aún nos deberíamos avergonzar de aceptar cualquier cosa que nos hable a nuestra alma, hasta lo más íntimamente religioso”. No, estas palabras no fueron insólitas o aisladas. Hombres de la talla teológica de Adolf von Harnack, sostuvieron las mismas posturas antisemíticas o judeofóbicas, proponiendo … ¡sacar el Antiguo Testamento de la Biblia!

El oportunismo de la iglesia institucional de aquellos macabros días podemos claramente deducirlo de las declaraciones de teólogos como Gehard Kittel, editor del afamado “Diccionario Teológico del Nuevo Testamento”, quien públicamente calificó a los judíos de “basura”. Con él serían cientos de clérigos y profesores quienes afirmarían que los judíos llevaban en sí mismos la maldición de su obrar. Poco después de la llamada “Kristalnacht” (noche de cristal), en la que se inició el primer gran progrom nazi, y en la que fueron apedreados los escaparates y ventanas de millones de familias judías de Alemania y Austria, siendo destruidas muchas sinagogas, la Alianza Evangélica ordenó que desapareciera de todos los libros de liturgia una antigua plegaria por Israel. Todos los predicadores de ascendencia judía fueron expulsados de la Alianza.

Escrito por el evangelista Enrique Lopez

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