Capítulo I

 

banner entradas mano de Dios¿Qué es el Hombre? Su origen y su esencia y composición original, es revelada en las Sagradas Escrituras de facturación hebrea. Desde la perspectiva bíblica, el hombre es copartícipe de la majestad de Dios. La Biblia es el testimonio de la relación entre Dios y el hombre. Esta interrelación halla su expresión como ejemplo o modelo en la noción bíblica fundamental del Pacto o Alianza (“Brit”), y especialmente en la relación aliancista de Dios con Israel; relación a la que la Biblia dedica la mayor parte de su contenido, y con respecto a lo cual queda subordinado todo lo demás.

EL HOMBRE.- Los diferentes términos empleados en la Biblia para describir al hombre nos muestra los diversos aspectos de su naturaleza. Veamos algunos de ellos: ADAM= nombre colectivo, hombres, seres humanos o humanidad, diferente de otras creaturas. ISH= individuo (hombre), varón o esposo (a veces “siervo” o “soldado”). ENOSH= la raza humana colectivamente, con el sentido de debilidad y mortalidad, frente al término “gever” que denota al “hombre fuerte”. METIM= se emplea siempre en plural y significa “hombres” en el sentido de “gente”.

Podemos deducir por esta variada terminología, que la Biblia sugiere una imagen 1040390_185889144910361_1612547414_ocompleja del hombre, como individuo y como miembro de la raza humana. Lo vemos como débil y como fuerte, tanto en el sentido físico como en el espiritual; tanto como señor como siervo. La narrativa bíblica presenta la experiencia humana como algo rico y multiforme, mostrando los muchos papeles (roles) que el hombre está llamado por Dios a realizar en su hábitat concreto de tiempo y espacio. No hay, pues, un planteamiento simplista de la situación humana en la historia y en el cosmos.

Hay otros términos que nos ayudan a comprender diferentes aspectos de la personalidad humana: NEFESH, denota la esencia de toda creatura viviente. Significa el “individuo”, el “ego”, la “persona”, y es por ello que a veces signifique también el cuerpo (Éxodo 21:23). A veces aparece como sinónimo de RUAJ, “espíritu”, que representa el poder y la energía que vienen al hombre de una fuente exterior, y que impulsa al hombre a vivir una vida superior, hallando su expresión en las habilidades y talentos con que Dios dota al hombre. Otro concepto es el de NESHAMÁH, “soplo” o “aliento”, que no sólo es el elemento vitalizante que Dios ha puesto en el interior del hombre, sino el espíritu divino y la lámpara (el alma) que ilumina y anima al hombre. En contraste con estos aspectos espirituales del hombre, tenemos el término BASAR, que significa su naturaleza física, su cuerpo viviente, y que como tal, simboliza la fragilidad humana, su sensualidad y mortandad.

ÓRGANOS CORPORALES en los que se asientan determinados atributos psicológicos imagen_o_vdeo_183_2_fhdr-640x640x80en el hombre, según la Biblia: Así, encontramos LEV, “corazón”, que es el centro del pensamiento, la conciencia y las emociones (amor, gozo, odio, valor, etc.). El corazón representa también toda la vida interior del hombre. KELAYOT, “los riñones”, son también la fuente de las emociones y de la conciencia, y en unión con el corazón, describen el carácter fundamental del hombre. ME´AYIM, “vientre”, “intestinos”, expresa los sentimientos bajos. Naturalmente, las versiones modernas de la Biblia substituyen estos términos por equivalencias contextuales que sean culturalmente más comprensibles o estéticamente más aceptables. KAVED, “hígado”, también significa “ser”, mientras que “RAHAMIM” (de “rehem”, vientre) significa “compasión”. YAD, “mano”, suele aparecer en contextos que le hacen significar “poder”. Y así sucesivamente vemos cómo otros matices de significado psicológico van atribuyéndose en su expresión a otras partes del cuerpo, tales como el rostro, los ojos, los oídos, la cabeza, etc.

 

(CONTINUARÁ.)

Evangelista: Enrique López Celdrán.


 

Capítulo II

 

Toda esta nomenclatura (descrita en el primer capítulo), aunque señala hacia la complejidad de la personalidad humana, no es ni mucho menos exhaustiva. La visión completa de la naturaleza humana sólo puede entenderse desde la perspectiva bíblica a la luz DE TODO EL CONTEXTO de las evidencias Escriturales. Podemos encontrar la clave en la narrativa del origen del hombre. El hombre no es un descendiente de los dioses, como es el caso de ciertas mitologías paganas; aún, el término “hijos” empleado en las Escrituras con referencia al hombre en su relación con Dios (cf. Deut. 14:1; Salmo 2:7), tiene una connotación METAFÓRICA, es decir, no original o literal.

342La Biblia (contra lo que sostienen algunos sistemas filosóficos) no muestra al hombre como un producto de las fuerzas ciegas del universo, de la naturaleza. El hombre es mostrado como hechura de Dios, DISEÑADO POR DIOS partiendo de dos elementos diversos: su cuerpo es de la tierra, pero es animado por el soplo Divino de la vida. No obstante, la Biblia no presenta al hombre como una DICOTOMÍA (división opuesta una a la otra) DE CUERPO Y ALMA; hay que aclarar que dicha dicotomía es un punto de vista eminentemente relacionado con el orfismo y el platonismo, pero ajeno a la concepción hebrea o bíblica. Tampoco se presenta al hombre como una tricotomía de elementos. La presentación bíblica es más bien de un “SER UNITARIO MULTIFACÉTICO” (Joaquín Y.). En voz hebrea es expresado como “nefesh hayyah”, una “persona viviente”, “alma viviente”, o, incluso “ser que respira”. Es de suma importancia el concepto de que todos los seres humanos, sin importar las diferencias étnicas y culturales, provenimos de dos antecesores: Adán y Eva. Y eso a pesar del cruce de simiente (con su ADN correspondiente) de “la serpiente” en el género humano (cf. adulterio de Eva con “serpiente” en Génesis 3:1 ss.). La humanidad a pesar de su diversificación y la mezcolanza “serpentina”, es esencialmente una sola familia, y los hombres seguimos siendo hermanos incluso ante el odio y el asesinato cainita: ” Y Yahvéh dijo entonces a Caín: ¿Dónde está TU HERMANO Abel?” (Gn. 4:9).

A esta humanidad esencial o inherente, y la subsiguiente igualdad, no hay excepciones. El mundo fue divinamente planificado para ser una creación de paz, armonía y comprensión; al igual que los demás seres vivos, la humanidad no fuimos creados para destruir a las demás criaturas, ni siquiera para comer. El permiso concedido a Noé para que comiese carne, fue una concesión a un mundo que había perdido su resplandor original (Gn. 9:3). Esto mismo se puede aplicar al matrimonio monogámico, que es el estado idóneo marital según la creación. La narración bíblica coincide con la comprobación sicológica de la realidad cotidiana. Hay que recordar que el término “hombre” es “ISH”; mujer es “ISHAH”,I-05-octubre-2014 por lo que “pareja” es ish e ishah. Hay que notar que la representación abreviada del Tetragrama, o nombre del Señor, está compuesta de dos letras, una “YOD” y una “HE”. La letra “yod” (nuestra “y”) se encuentra en el varón (Adán-alef, yod, sin-). Y la letra “HE” (nuestra “h”) se halla en la mujer (Eva-alef, shin, he-). Cada miembro de la pareja contiene dentro de sí mismo la mitad del nombre Divino. ¿Qué ocurre si Dios es retirado de la pareja? Pues que las dos palabras, tanto de “varón” como de “varona”, se escribirían de idéntica manera: “ESH”. Esta ausencia de Dios trae consigo el UNISEXISMO, que es la indiferenciación que caracteriza al mundo configurado por el secularismo. Pero hay todavía otra consecuencia más: La nueva palabra formada, como dijimos, es “ESH”” lo que significa “FUEGO”, y simboliza en hebreo que cuando falta Dios (Dios es amor), entonces el matrimonio es un “brasero” de fogosas discordias.

Sin embargo, la Biblia no presenta simplemente el plano creacional del hombre, sino que lo muestra como “cumbre” o “corona” de la creación divina. El hombre es el clímax de los 995394_544000242304026_1245789799_nseis días desde el principio. El hombre (masculino y femenino) es formado por resolución especial de Dios (Gn. 1:26). Y la formación del hombre se ejecuta de una forma igualmente especial: Génesis 2:7. No obstante, la gloria del hombre se desprende del hecho de haber sido creado a la “imagen y semejanza” de Dios, lo que le aporta al hombre UN VALOR ÚNICO. El hombre es el único ser capaz de mantener un pensamiento sostenido, capaz de dar lugar a la creatividad y a la conciencia de Dios, por cuanto el Espíritu de Dios es INMANENTE en el hombre (es decir, es interno a su ser). De ahí que el hombre reciba el poder de dominar sobre la tierra (Gn. 1:26-28), de comunicarse con Dios y gozar de su compañía (Gn. caps. 2 y 3). Quizás nadie haya podido expresar estas realidades con mayor precisión que el salmista:

“Me digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,

Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Le has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronaste

de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de

tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”. (Salmo 8:4-6)

(CONTINUARÁ)

Evangelista: Enrique López Celdrán.

 


 

Capítulo III

C A R N E Y E S P Í R I T U

 

LA CARNE.- Para Pablo, estar “bajo la Ley” es una forma de estar “en la carne”. En lae113231_cover teología de Pablo el término “sarx” juega un papel primordial. Requiere por nuestra parte un examen detenido. El trasfondo de su terminología proviene del Viejo Testamento, aunque el uso veterotestamentario de este término sigue líneas propias y peculiares del Apóstol de los Gentiles. En el Antiguo Testamento la “carne” es la materia básica de la vida humana y animal (ver las citas referentes al sentido animal, ya sean comestibles o no, en Gén. 6:19; Éx.12:8). Los hombres son categorizados bíblicamente como “carne” en contraste con “los dioses cuya morada no es con la carne” (Dn.2:11). Cuando Dios impone límite a la duración de la vida humana, el Señor dice: “No contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años” (Gén.6:3. nota: “él es carne” conlleva el significado de que “él es mortal”).

El hombre es en realidad “carne animada”. “Toda carne” significa “toda la humanidad” (exceptuando cuando se refiere en el sentido más amplio de “toda la vida animal”). La “carne” puede denotar la naturaleza humana con su debilidad y mortalidad: “Se acordó de que eran carne, soplo que va y no vuelve” (Sl.78:39). Puede utilizarse para denotar cuerpo humano, como cuando al hombre se le dirige a lavarse “sus vestidos, y lavará su cuerpo (es decir, “carne”) en agua, y será limpio (Lv.14:9); o bien hablando del hombre, propiamente dicho, en un sentido más general, como en el caso del Salmo 63:1, donde David exclama “Mi carne te anhela”, o su paralelismo sinónimo con lo que le precede, “mi alma tiene sed de Tí “. En este caso, tanto “mi alma” (hebreo nefesh) como “mi carne” (hebreo basar) son apenas formas alternativas de decir “YO”.

Veamos ahora el uso paulino de este término en contraste con el trasfondo veterotestamentario. Primeramente, Pablo utiliza “la carne” en el sentido de “carne corporal”, como en Romanos 2:28, hablando literalmente de la circuncisión (comparar con Gén.17:11), en contraste con la circuncisión espiritual, la circuncisión “del corazón”. Podemos ver por otros textos, que en un sentido general, que cuando Pablo habla por ejemplo en Gálatas 4:13: de “lo que ahora vivo en la carne”, se está refiriendo a “su cuerpo mortal”.

AbrahamOtro sentido en que el Apóstol utiliza el término “carne” es el de descendencia natural o PARENTELA, como cuando se dice de Cristo que es descendencia de David o miembro de la raza de Israel “según la carne” (Rom.1:3;9:5); cuando Abraham es denominado “nuestro padre (antecesor) según la carne” (Rom.4:1), y sus descendientes biológicos son descritos como “los hijos en la carne” frente a “los hijos de la promesa” (Rom.9:8; ver Gá.3:7;4:23ss.); o bien cuando se hace referencia a los judíos como “parientes según la carne” (Rom.9:3), o simplemente su “carne” de Pablo (Rom.11:14).

Por otro lado, Pablo emplea el término “carne” en el sentido de “humanidad”, como es el caso de Gálatas 2:16 y Romanos 3:20, donde se nos dice que “ningún ser humano (ninguna “carne”) será justificado delante de Dios por las obras de la Ley”, o como en Iª Corintios 1:29 donde se dice que “nadie (ninguna carne) se jacte en Su presencia”. A veces Pablo expresa la misma idea mediante la frase “carne y sangre”, como en Gálatas 1:16: “… no consulté enseguida con carne y sangre” (es decir, con ningún ser humano).

CONTINUARÁ…

Enrique López Celdrán

Nota : El próximo y último capítulo reflexionaremos sobre la débil Naturaleza Humana, sobre la Naturaleza de Cristo Jesús, sobre la Humanidad no regenerada, para luego adentrarnos en el término “espíritu” . Próximamente abordaremos el tema sobre La Inmortalidad del Alma: “¿Somos inmortales?”. Eso será, como siempre, con el favor de Dios. Shalom.

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Capítulo IV

 

La débil Naturaleza Humana.- En Romanos 6:19, Pablo se explica mediante una analogía tomada de la vida cotidiana: “por vuestra humana debilidad (la debilidad de la carne)”, es decir, por capacidad natural de comprensión. En Romanos 8:3 Pablo habla de la Ley como incapaz de producir justicia, a causa de “la debilidad causada por la carne”, es decir, a causa de la frágil naturaleza humana con la que la santa Ley de Dios tiene que operar. Pablo comenta de una ocasión en la que, debido a su preocupación por sus amigos en Corinto, su “cuerpo” (carnal o en griego “sarx”) no tuvo ningún reposo” (2 Cor. 7:5); también se refiere Pablo a esta misma experiencia en 2 Corintios 2:13, manifestando que: “no tuve reposo en mi espíritu” (griego “pneuma”). Es de destacar que estos dos substantivos (“carne” y “neuma”) son usados prácticamente en forma sinónima, cuando por lo general el Apóstol los presenta en sus Cartas  siempre como antítesis, a lo mismo que el Señor Jesucristo, como por ejemplo en Marcos  14:38: “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

740px-Christ_at_the_Cross_-_Cristo_en_la_CruzLa Naturaleza de Cristo.-  La humanidad del Mesías (gr. “Cristo”) es compartida por el Señor con toda la raza humana. Sin embargo, nuestra humanidad es “carne de pecado”, por cuanto el pecado se ha afincado como “cabeza de puente” en nuestra vida, mediante lo cual el pecado puede dominar toda situación humana. Cristo (que es el Verbo encarnado) vino en carne auténtica (incluido el “sarx”), viviendo y muriendo en un “cuerpo de carne” (Colosenses 1:22; comp. 2:11). Pero, Cristo no vino “en carne de pecado”, con el estigma “de la serpiente edénica” (ver Gén. 3:15), de esa forma, el pecado no pudo hacer impronta en su vida; por tanto, se dice que de él que vino a nosotros “en la semejanza de carne de pecado”. Fue así, de esa forma, que cuando Jesucristo ofreció su vida por el pecado (ofrenda o “korban” por el pecado), Dios “condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). Esto significa que PASÓ LA SENTENCIA DE MUERTE A LA CARNE DE CRISTO EN VIRTUD DE LA HUMANIDAD IMPECABLE DE JESUCRISTO.

La Humanidad no Regenerada.-  En ocasiones, Pablo denota la propensión pecaminosa que pertenece a su propia herencia “en Adán” como “MI CARNE”. Queriendo decir que “en mi carne”, en este sentido, no reside bondad alguna; Pablo nos está diciendo que él sirve “con la carne a la ley del pecado” (Rom.7:18, 25). Esta influencia superviviente de la carne puede hallarse incluso en el creyente regenerado Así pues, Pablo se dirige a los creyentes corintios, por ejemplo, llamándoles “hombres carnales”, a pesar de aparentemente haber recibido del Espíritu, toda vez que ellos siguen la tendencia a los celos y a las contiendas, e incluso juzgando a los hombres en conformidad con las normas de la sabiduría mundana (1 Corintios 3:1-4). Las “obras de la carne”, relatadas en Gálatas 5:19-21 en contraste con el “fruto del Espíritu”, no sólo comprenden vicios sensuales, tales como la fornicación y la borrachera, sino también actitudes puramente mentales, tales como los celos, odios y tendencias partidistas. “Pero los que son de Cristo”, sin embargo, “han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:4). En Romanos 6:6 encontramos una manifestación similar, cuando Pablo habla del “hombre que una vez fuimos” o “viejo hombre” fue crucificado junto con Cristo. Encontramos aquí una paradoja al comprobar que aunque la “carne” fuese crucificada juntamente con Cristo, pueda seguir representando una amenaza contra el creyente. Para el Apóstol, la personificación de la humanidad no regenerada está representada por Adán, mientras que la personificación de la nueva humanidad está en Cristo; por tanto, “vestirse de Cristo” es “revestirse del nuevo hombre” (como en el bautismo, cf. Gá. 3:27). Pablo exhorta y anima a los creyentes a ser en la praxis lo que ya son por vocación de Dios.

Para Pablo es también una cuestión de conocimiento y revelación el comprender y asumir lo que significa “estar en Cristo”, por lo que “estar en la carne”, significa no ser regenerado, seguir estando “en Adán”, es decir, en un estado en el cual uno “no puede agradar a Dios” (Ro. 8:8). Ese nuevo estado legal y real, es para un creyente una evidencia de que tiene el Espíritu morando en él. Pero, si no es así, no tenemos derecho (“título”), según Pablo, a ser llamados “de Cristo” (Ro. 8:9). Esta realidad existencial y legal de vivir en el Espíritu”, y ya no “en la carne”, hace que la perspectiva de los creyentes puedan seguir “los designios Divinos” o la “mente del Espíritu”. Ahora, tenemos el conocimiento de que nuestra “carne” está sujeta a “la ley del pecado y de la muerte”, por lo que no debemos proveer para los deseos de la carne, ni gratificar sus deseos (Ro. 8:5-7; 13:14). Ahora está bajo sentencia de muerte: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis” (Ro. 8:13). Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción” (Gá. 6:8). El pecado, de cualquier clase que sea, es una “obra de la carne”, y tiene a la muerte por resultado.

Homem-de-Deus-ungidoEn Jesús se funden ambas expectativas, al ser él a quien se le identifica con la profecía de Isaías 63:1 (ver Lucas 4:18 ss.). Él es también el Cristo, quien es descrito y caracterizado como “el que bautiza con el Espíritu Santo” (Mr.1:8; Jn. 1:32-34). Gracias al advenimiento del Espíritu, el pueblo de Dios, que se hallaba en su infancia, restringido por los “cordones” de la Ley, ahora alcanza su mayoría de edad. Es tal la acción liberadora del Espíritu en los creyentes, que se le denomina “el Espíritu de adopción” (Ro. 8:15). Se nos capacita para recibir y gozar del status de hijos de Dios, esperando la redención final en el día de resurrección, del cual todo el universo creado espera anhelante: ¡es la libertad gloriosa de los hijos de Dios! (Ro. 8:21). Pero, los hijos de Dios, debemos gozar ya, anticipadamente, de esa libertad en nuestro “aquí” y “ahora”, por el poder del Espíritu que mora en nosotros. Podemos pues, dirigirnos a Dios confiadamente y de manera espontánea, llamándole Padre… “¡Abba Padre!”, dando de esa manera testimonio el Espíritu a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Ro. 8:15 ss.). Es el Espíritu quien capacita a los creyentes para que podamos llamar a Dios “Padre”, y también poder llamar a Jesús “Señor” (cf. 1 Cor. 12:3). Pero “Abba” es el término semítico distintivo con que el que Jesús se dirigía a Dios. Y no sólo se trata del “espíritu de adopción”, sino del “espíritu de su Hijo” (Gá. 4:6), el Espíritu que moró y capacitó al propio Jesús. Para Pablo, “vivir en el Espíritu” es sinónimo de que “Cristo more en vosotros” (Ro. 8:9, 11, 19). Parece ser, pues, que no existe diferencia alguna entre la morada del Espíritu y la morada de Cristo resucitado, en cuanto a la experiencia del creyente se refiere (Ro. 8:11).

El Espíritu es un agente santificador en las vidas de los creyentes. Provee de la armadura perpetua que precisamos para la guerra contra la carne, pero Él es más poderoso que la carne y, por tanto, puede ir retirando progresivamente la acción de la carne en aquellas vidas que se someten bajo su control. El ministerio más glorioso del Espíritu es reproducir la imagen de Cristo en el carácter de los creyentes (2 Cor.3:17-18). Esa labor se ejerce con la vista puesta en la venida de Cristo, cuando los creyentes santificados “sean manifestados con Él en gloria” (Colosenses 3:4), llevando a su perfección “la imagen del hombre celestial” (1 Cor. 15:49). Por otro lado, el Espíritu nos une los unos a los otros. De ahí la concepción paulina de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, la cual está inseparablemente vinculada a la doctrina o enseñanza del Espíritu:

Jesus putting robe on person

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Cor. 12:13).

Mucho más se puede escribir sobre este interesante y fundamental tema, pero baste estos breves artículos para que sirvan, además de la necesaria edificación espiritual del lector, también como una introducción para el estudioso de la Palabra de Dios, el cual podrá seguir escudriñando y desarrollando la antropología, o estudio del ser humano, desde la óptica bíblica. Dios les bendiga.

Evangelista: Enrique López Celdrán.

Bibliografía: Dentro del Alma, rabino Eliezer Bograd.

Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, León Dufour.

 Apuntes de estudiante (asignatura Teología bíblica y Sistemática) SEE. 19

Carta Pastoral, nº 7. SEE, 1985.

Paul, the Apostle of the free Spirit, F.F. Bruce (traducido con permiso por el profesor Joaquín Yebra Serrano)

Biblia, RV 1960 Sagrada Biblia, Cantera – Iglesias, 1979

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